Cultura de consumo global: Construcción social, problemas y desafíos

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Diploma Internacional OnLine: Cultura de consumo global: Construcción social, problemas y desafíos

Cultura de consumo global: Construcción social, problemas y desafíos

 


Se pretende la realización de una formación con  docentes de  Centros Educativos públicos y privados, operadores sociales que trabajen en organizaciones sociales, referentes estatales de los distintos niveles de gobierno, estudiantes de Ciencias Sociales, Educadores Populares y todo público interesado en reflexionar acerca de la cultura de consumo y las transformaciones que está provocando en las distintas dimensiones de la vida cotidiana, como así también visualizar  las representaciones sociales, los valores dominantes y las nuevas prácticas de consumo.

Se considere primordial la construcción de un marco referencial en derechos humanos pensado desde un modelo de desarrollo sostenible y desde la perspectiva de un desarrollo multidimensional sustentado en una serie de paradigmas éticos, culturales y cognitivos que  orienten los estilos de vida sostenibles.

El desarrollo multidimensional articulado por un sistema de valores con énfasis en la educación en derechos humanos debe asumir que el propio derecho a la vida y al desarrollo sostenible de los pueblos implica considerar la creación de un universo de valores y de un entramado social basado en la justicia social, la equidad, el respeto entre las personas, la preservación del medio ambiente, la creación de condiciones dignas para la vida y de forma global la difusión de una nueva sensibilidad crítica respecto a los profundos impactos que sobre la sociedad está generando la actual cultura de consumo.

Distintos pensadores y colectivos sociales están advirtiendo ya desde hace varias décadas acerca  de la expansión del capitalismo global centrado en el consumo desenfrenado y en el diseño de una cultura de consumo transformada ya en principio regidor cultural que ha transformado sustancialmente los estilos de vida y las formas de vincularnos con nosotros mismos y con el medio ambiente.
 
Esta cultura de consumo global es una de las tantas expresiones de la perpetuación de la Colonialidad y la hegemonía multidimensional eurocentrada que forman parte del patrón mundial de poder capitalista.

La construcción de modelos eurocentrados permite la reproducción de la cosmovisión universalista occidental y la marginación de otros saberes y otras lógicas alternativas a la vez que la perpetuación de la colonialidad del poder. Se trata de una cosmovisión que define a nuestra región como un espacio subalterno y funcional al capitalismo global.

La perpetuación de la colonialidad sustentada en el despojo de los territorios y los cuerpos se ejerce bajo formas socialmente legitimadas de desarrollo y progreso, gracias a la instauración de la razón colonial moderna que nos ha disciplinado para convivir con las distintas formas de violencia. De hecho la construcción de las subjetividades y las representaciones sociales están profundamente  influenciadas por un universo de valores que exalta la destrucción de la naturaleza, la fragmentación social, la entronización del antropocentrismo y el consumo material y simbólico como las únicas formas válidas de ser, estar y pensar en sociedad.

La revisión bibliográfica sobre el consumismo en la era global señala en forma insistente que la cultura de consumo ha generado transformaciones considerables en la vida cotidiana, principalmente en las zonas urbanas. Se presenta como parte de un modelo de desarrollo capitalista que privilegia el consumo depredador, irresponsable y superfluo como marco referencial para la vida.

Desde esta perspectiva, el consumo posmoderno es visualizado como un sistema dominante de producción de bienes, servicios, signos y valores destinados a diseñar un modelo de sociedad funcional a la lógica del modelo de desarrollo imperante.

Debe señalarse que la cultura de consumo atraviesa a todos los sectores sociales pero donde más se ha visualizado su impacto ha sido en los sectores populares lo que ha evidenciado profundas transformaciones en las prácticas de consumo y en los estilos de vida.
 
La actual sociedad –caracterizada por la globalización y la sociedad de consumo–abarca la totalidad de los espacios de la vida cotidiana determinando una cultura de consumo que articula la manera en que la sociedad se relaciona entre sí y con todas las estructuras políticas, sociales y económicas en el marco de una nueva espacialidad y temporalidad.
Moulian (1998), Ritzer (2000), Ander-Egg (2005), Bauman (2007), Beck (2008) y Lipovetsky (2010), por citar solo a algunos autores, han realizado profundos análisis acerca de la actual cultura de consumo y la forma en que se expresa en la vida cotidiana.

Globalización significa la perceptible pérdida de fronteras del quehacer cotidiano en las distintas dimensiones de la economía, la información, la ecología, la técnica, los conflictos transculturales y la sociedad civil y, relacionada básicamente con todo esto, una cosa que es al mismo tiempo familiar e inasible –difícilmente captable–, que modifica a todas luces con perceptible violencia la vida cotidiana y que fuerza a todos a adaptarse y a responder. El dinero, las tecnologías, las mercancías, las informaciones y las intoxicaciones “traspasan” las fronteras, como si estas no existieran. (Beck, 2008).

El impacto de esta globalización del consumo, como señala Beck, obliga a una reestructuración de nuestra forma de ser y estar en el mundo. O como señala Ander-Egg formar parte de una nueva civilización de la imagen que utiliza diversos dispositivos para el logro de una dominación ideológica y cultural.

Después del espectacular desarrollo de los medios de comunicación de masas, que en estas últimas décadas han ido trasformando el planeta en una “aldea global” conmovida por la “explosión informativa”, hoy nadie duda del importantísimo papel que desempeñan en todas las esferas de la vida de la sociedad moderna. No solo son medios que llegan a todos los ámbitos y rincones del planeta, no solo son medios que permiten lograr casi la instantaneidad de la noticia, no solo han configurado una civilización que también podemos caracterizar como civilización de la imagen, sino que –y esto es lo que aquí nos interesa– son instrumentos idóneos para la dominación ideológica y cultural (Ander-Egg, 2005).

Si bien el consumo debe vincularse con la propia evolución histórica del ser humano en la sociedad, la característica central de la sociedad de consumo es que este –el consumo–es una necesidad creada artificialmente, en tanto es una condición para el funcionamiento del orden económico imperante. Es inseparable el consumismo actual de la lógica de funcionamiento del capitalismo global basado en la permanente producción de productos y servicios para el consumo interminable de las cada vez más sociedades globales.

Es preciso señalar que el consumo que caracteriza a esta época implica una serie de procesos sociales, culturales y psicológicos donde interviene el sujeto, el producto o servicio adquirido y un entorno sociocultural que da sentido a la apropiación realizada por la persona. Pero esa adquisición de objetos y servicios se mueve en el plano tanto de lo real como de lo simbólico porque también se vive como placentera la experiencia de estar poco menos que bombardeado por continuos mensajes publicitarios destinados a sostener nuestro romance con el consumo. Nuestras necesidades parecen no terminar nunca y nuestro grado de satisfacción se torna cada vez más efímero en un contexto de verdadero reinado de la cultura del desecho. Asimismo, nuestros deseos en la actualidad parecen estar siempre preparados para ser estimulados por la interminable fábrica de necesidades.

El hipercapitalismo, fuerza motriz de la mundialización económica; la hipertecnificación, grado superlativo de la universalidad técnica moderna; el hiperindividualismo, que materializa la espiral del átomo individual ya liberado de las ataduras comunitarias a la antigua; el hiperconsumo, forma hipertrofiada y exponencial del hedonismo comercial. Estas lógicas en interacción incesante componen un universo dominado por la tecnificación universal, la desterritorialización acelerada y la comercialización exponencial planetaria. En estas condiciones es donde la época ve triunfar una cultura globalizada o globalista, una cultura sin fronteras cuyo objetivo no es otro que una sociedad universal de consumidores (Lipovetsky, 2010).

De esta forma la denominada por Lipovetsky “cultura mundo” se propaga por todas las “catedrales de consumo” señaladas por Ritzer, que no significa otra cosa que la permanente construcción de un clima de consumo total.
Los nuevos medios de consumo se pueden considerar “catedrales del consumo”; es decir, para muchas personas poseen un encantado –y a veces sagrado– carácter religioso. Con el fin de atraer a un número de consumidores cada vez mayor, dichas catedrales del consumo necesitan ofrecer –o, al menos, aparentar que ofrecen– unos escenarios cada vez más mágicos, fantásticos y encantados en los que consumir (Ritzer, 2000).

En este escenario cuya centralidad del consumo es notorio y atraviesa todas las dimensiones del quehacer cotidiano es cuando todas nuestras actividades están mediadas por las lógicas del consumo y nuestras valoraciones vertebradas por los parámetros diseñados desde el mercado.

Como estas sociedades capitalistas necesitan de consumidores ávidos, ellas buscan instalar el consumo como una necesidad interior. Cuando el consumo es el eje o el motivo central de un proyecto existencial, puede decirse que este se instala como “sentido de vida” (Moulian, 1998).

En esta sociedad de consumo nace una nueva forma de disciplinamiento social que se expresa mediante una especie de entrenamiento para el consumo desde tempranas edades.

Los objetos de deseo se disfrutan mejor en el momento y luego se deshace uno de ellos; los mercados se encargan de que se hagan de una manera tal que tanto la satisfacción como la obsolescencia sean instantáneas. [...] Por ello, a los hombres y mujeres se les entrena (se les hace aprender a las malas) a percibir el mundo como un contenedor lleno de objetos desechables, objetos de usar y tirar. El mundo entero, incluyendo a los demás seres humanos (Bauman, 2007).

La actual democratización del consumo en la región se caracteriza por el fin de los criterios de clase para determinar gustos y estilos de vida que, en los hechos, genera un consumidor habilitado para un consumo total. Este ávido consumidor a su vez es heredero de los valores residuales de una sociedad hiperintegrada y portadora de unos valores comunes y sostenidos en el tiempo. Las reglas invisibles que durante mucho tiempo moldearon a las clases sociales han sido socavadas por una cultura de consumo que ha aportado a la creación de nuevos imaginarios culturales y nuevas formas de consumo.

La cultura de consumo ya no se encuentra anclada en el espacio doméstico y social de los sectores dominantes, sino que ya es vertebradora de la vida cotidiana de todas las clases sociales, además de ser articuladora de un consumo ahora sin barreras, prejuicios o signos de diferenciación social.

La adquisición de objetos, experiencias y marcas hipervaloradas socialmente ha pasado a significar para algunos un factor importante de pertenencia y distinción social. De esto se desprende la importancia que tiene para algunos participar del consumo moderno en tanto significa el acceso a una serie de significaciones y valores de los cuales son portadores los objetos de consumo y las marcas, y que inmediatamente sentirán como propios una vez consumado todo el ritual del deseo del consumo. Los valores dominantes de esta cultura de consumo (felicidad, entretenimiento, placer, seguridad) propagan y transfieren a los sectores populares una serie de imágenes asociadas a la adquisición de bienes, servicios y experiencias que en el marco de la democratización del consumo representan los ideales y las aspiraciones más valorados.

Algunos individuos terminan consumiendo valores, sueños, significados, estéticas y experiencias de consumo presentes en todos los santuarios del consumo a la vez que definiendo una nueva versión de una ciudadanía y comunicación moderna que prioriza el no quedar desafectados de los espacios de consumo.

La expansión del consumo como elemento central de la inclusión social termina conformando una zona donde convive una nueva racionalidad espacial, temporal y socioeconómica de los sectores populares con las profundas contradicciones presentes en las historias de vida individual que distan de los modelos y estilos de vida con frecuencia visualizados en las pantallas tecnológicas de acceso diario. Esta contradicción radica básicamente en que la democratización del consumo en los tiempos actuales significa, entre otras cosas, la desaparición de las profundas distinciones de clase y la apropiación parcial por parte de algunos sectores populares de estilos de vida correspondientes a otros sectores sociales.

La emergencia de nuevos sectores sociales al mundo del consumo permite visualizar a un nuevo consumidor ávido por demostrar su valía en una sociedad colonizada por una cultura de consumo competitiva y promotora de las más diversas experiencias. El impacto de la cultura de consumo, el socavamiento de las jerarquías sociales y el fin de los criterios de clase inciden en la conformación de los estilos de vida y en el asentamiento de un consumo omnívoro entre algunos segmentos de los sectores populares.

Debe precisarse también  que se trata de un consumo intermitente, espaciado, del cual se entra y se sale, en parte por la propia realidad de los sujetos populares y los escasos recursos que manejan, pero también por los intereses y las actividades que habitualmente desarrollan y que distan de estar asociadas a ese universo de consumo hedonista idealizado por los distintos medios de consumo.  Para otros, en cambio, los imperativos de las marcas y de la moda no transforman profundamente las prácticas de consumo cotidianas y son marginales en el global de las actividades consideradas más importantes. Estas prácticas de consumo que distan de ser las que propagan los grandes medios de comunicación y la publicidad muchas veces son invisibilizadas y marginadas con la finalidad de homogenizar la idea de felicidad y consumo, lo que le sirve al mercado por supuesto. Se termina construyendo una idea monocultural de consumo y felicidad asociada a lo que propagan los medios de consumo. Toda práctica de consumo que no se ajuste a los parámetros actuales de lo considerado moderno es considerada como una expresión de atraso, de pobreza, de aislamiento social y de estar por fuera del mundo moderno.

Las prácticas de consumo influyen en la construcción de las relaciones intrafamiliares y sociales en la medida que estas se moldean también por el impacto de los imaginarios culturales dominantes que se fusionan con las motivaciones, los deseos, las expectativas y los afectos que los sectores populares desarrollan mediante rituales y actitudes valoradas socialmente.
Estudios recientes en nuestra América Latina (Rabello de Castro(2001); Ganduglia (2008); Radakovich y Wortman (2011) señalan la existencia de una sociedad profundamente orientada por una cultura de consumo guionada por los medios de comunicación, la moda y la obsolescencia como parámetros culturales y sostenes de un determinado orden social.
 
Definitivamente la cultura de consumo supera ampliamente el adquirir bienes, mercancías y experiencias, para ser parte de procesos culturales más amplios que han transformado la vida cotidiana. La mediación de esta cultura de consumo se hace visible en que la misma adquiere una multidimensionalidad jamás vista antes, por lo que ninguna actividad humana queda fuera de su área de influencia. Esta omnipresencia cultural como referencia de primer orden para nuestra vida ha provocado profundos cambios que al ser naturalizados o banalizados por los mismos dispositivos culturales dominantes no han sido definidos como un gran problema por nuestra sociedad y mucho menos han sido integrados a la agenda temática de las Ciencias Sociales con la profundidad que merece.

Es en este actual marco cultural se hace imprescindible el generar espacios de reflexión dónde conjuntamente con todos los actores centrales de los centros educativos y los distintos referentes sociales y políticos podamos visualizar la magnitud del problema y pensar cómo nos estamos parando frente al mismo y si debemos modificar nuestras respuestas. Consideramos que los Centros educativos y las organizaciones comunitarias están llamados a convertirse en uno de los espacios fundamentales para visibilizar esta actual cultura de consumo generadora de un universo de valores individualistas, materialista y que está provocando las más profundas contradicciones sociales.

Una batería de dispositivos mediáticos día a día operan sobre todos los sectores sociales moldeando sus identidades y sus formas de relacionarse con el mundo. La actual cultura de consumo y del entretenimiento valida todo tipo de actitudes, estilos de vida y formas de ser que se expresan profundamente en nuestras sociedades: violencia, acoso, interés y dependencia desmedida por los distintos dispositivos tecnológicos, valoración excesiva de los aspectos externos de las personas, sensación de vivir en un eterno presente, individualismo centrado en el logro casi exclusivamente de metas personales, obesidad, anorexia, adolescentes diagnosticados con ataques de pánico y estrés, necesidad de validación en las redes sociales, desmedido culto a la imagen, consumo desmedido, pérdida de referencias ético-sociales, cultura del desecho, etc.

La actual crisis planetaria (Morin, 2016) presenta también una serie de movimientos y relatos alternativos a la dominante Globalización y sociedad de consumo lo cual genera esperanza y motivación para la construcción de modelos sociales alternativos.

Parece indudable estar frente a un conflicto cultural de enormes proporciones que no nos puede inmovilizar y debe convocarnos para un trabajo colaborativo de forma urgente.

 

Fechas

Objetivos del programa

  • Analizar y problematizar acerca del significado social del consumo y de la cultura de consumo en tanto constituyen categorías centrales para reflexionar sobre las nuevas formas de integración social, los estilos de vida y las nuevas prácticas de consumo.
  • Establecer un espacio de intercambio de saberes, reflexiones y experiencias en torno a la cultura de consumo y su impacto social, diseñando mediaciones sociales que operen sobre la realidad y garanticen la existencia de otras formas de ser y estar en sociedad.
  • Sensibilizar a todos los operadores sociales acerca de la necesidad de promover distintos ámbitos que favorezcan la emergencia de otras miradas y relatos que den cuenta de otra forma de ser y estar en el mundo, construyendo otros imaginarios culturales desafiantes de las lógicas mercantiles actuales.
  • Estimular la participación de los operadores sociales en los distintos espacios institucionales/barriales/colectivos que promuevan otra relación de las personas con el entorno, con nosotros mismos y con nuestras prácticas de consumo cotidianas. Participar de proyectos sociales que instalen el tema en la comunidad y comprometerse con mejorar el entorno en lo que tiene que ver a la socialización de nuevas prácticas de consumo.
  • Posibilitar el enriquecimiento académico a partir del intercambio de las múltiples experiencias de los participantes.

 

Metodología on line

La metodología es un proceso de enseñanza-aprendizaje significativo a través de nuestro Campus Virtual. Este entorno virtual permite el desarrollo de programas de formación y capacitación OnLine en un ambiente autónomo, flexible, intuitivo, amigable y adaptable a distintos dispositivos: ordenadores de escritorio, tablets y móviles para su correcta visualización (Resposive design); disponible las 24 horas del día con conexión a internet sin límites de tiempo, espacio, lugar (Ubicuidad); posibilidad de descargar los materiales con la finalidad de disponer de éstos fuera de línea. Este modelo y característica de la plataforma permite a los participantes la transmisión de conocimientos y compartir experiencias con el resto de la comunidad virtual a través de las distintas herramientas de comunicación, contenidos, evaluaciones, autoevaluaciones, foros, trabajos colaborativos y cooperativos, casos de estudios, etc. y sobre todo con el acompañamiento, motivación, retroalimentación y seguimiento del tutor que faciliten el proceso de enseñanza-aprendizaje con la finalidad que el participante adquiera las competencias y habilidades necesarias para cumplir los objetivos del programa.

 

Estructura curricular

Módulo cero
Introducción a la plataforma virtual

Módulo I
Globalización, cultura de consumo y desarrollo como expresiones de la colonialidad y el capitalismo global.

Módulo II
La cultura de consumo desde una perspectiva histórica.

Módulo III
La cultura de consumo y la construcción de la realidad.

Módulo IV
Los medios de consumo y los mitos de la sociedad hiperintegrada.

Módulo V
Democratización del consumo, integración y exclusión social.

Módulo VI
La obsolescencia programada y la cultura del desecho como motor del desarrollo.

Módulo VII
Estilos de vida y prácticas de consumo.

Módulo VIII
Omnivorismo cultural y construcción de estereotipos sociales.

Módulo IX
Complejidades y relaciones sistémicas en torno a la tríada Individuo, Sociedad y Mercado.

Módulo X
Consumo, marcas e identidad en el diseño de las identidades.

Módulo XI
Ética y consumo responsable en el contexto del capitalismo global.

Módulo XII
Síntesis y Proyecto de fin de programa (PFP)

Becas

Se otorgará becas de hasta el 50% del valor del programa a los postulantes que lo soliciten. Se priorizará autoridades estatales y directivos de organizaciones sin fines de lucro e instituciones educativas. (Importante: Contrastar porcentaje de beca vigente en el formato de Solicitud de Beca Académica)

Requisitos:

  • Leer y aceptar la Política de Becas Académicas.
  • Solicitud de Beca Académica (Solicitarlo a través del FORMULARIO o Datos de contacto)
  • Curriculum Vitae.
  • Copia escaneada del título técnico o profesional.

 

Certificación

Todos los alumnos que han cumplido con las actividades propuestas en cada módulo y con los requisitos administrativos; recibirán un certificado a título propio del Centro Internacional de Estudios Interdisciplinarios Ciesi.org EIRL, el mismo que será remitido hasta la dirección de residencia que cada alumno designe.

 

Valor del programa

El valor del programa es de USD$1000 dólares americanos.
El valor del programa con beca es de USD$500 dólares americanos. (Importante: Contrastar porcentaje de beca vigente en el formato de Solicitud de Beca y monto final a pagar en la Carta de Asignación de Beca)

 

Inscripción

  • Solicitud de beca (Si aplica)
  • Leer y aceptar la Política de Becas Académicas, publicadas en la web del centro (Si aplica).
  • Currículum vitae
  • Copia escaneada del título profesional o técnico.
  • Pago del valor final del programa.

 

Medios de pago

El procedimiento para efectuar el pago por el importe de matrícula puede hacerse eligiendo una de las siguientes vías:

A. Vía giro postal

Vía Giro Postal a través de Western Union o Money Gram

B. Vía transferencia bancaria/interbancaria

Banco Interbank

C. Vía VISA (Pagos seguros)

Con cualquier tarjeta de crédito o débito afiliado a VISA.

D. Vía PAYPAL (Pagos seguros)

Con tarjeta de débito o crédito. Seleccione la opción del monto y luego click en el botón Pay Now (Pagar Ahora). Se le informa que estos pagos direccionados a través de nuestra web, son pagos seguros ya que cuentan con todas las normas de seguridad de PayPal, Inc (US) verificado por VeriSign, Inc.

Pagar con PayPal / Tarjeta de Crédito/Débito

 

Solicitudes e inscripciones
CENTRO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS INTERDISCIPLINARIOS CIESI.ORG EIRL
Teléfono / WhatsApp: +51948679203
E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Web: www.ciesivirtual.org

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